El cielo se había nublado, y unas nubes grisáceas ocultaban el sol. Breyne sabía que no iba a llover, pero aún así echaba de menos el calor del astro rey. Sus manos también habían quedado arañadas y en carne viva por las riendas de Abenuz, pero no podía permitirse una sola queja. El caballo estaba empezando a mostrar los primeros signos del cansancio, aunque no se mostraba reticente a obedecer. A demás, el peso de Denwas y Breyne a su espalda no se podía comparar con la de los caballeros armados y vestiduras de metal de sus acompañantes. Por otro lado, los corceles de batalla de los guerreros estaban acostumbrados a esos viajes, con el peso de las armaduras o sin ellas.
Ese día era el turno de Breyne para llevar las riendas. Tras ella su amigo dormía, apoyando la frente en sus hombros. Abenuz seguía su marcha al paso, y ella no lo espoleaba para evitar que Denwas se despertara. Le gustaba sentir su respiración junto a su oído, la tranquilizaba saber que no estaba sola.
La senda transcurría por un bosquecillo en el que la luz se filtraba perezosamente entre las hojas y caía, dorada o verdosa, sobre el suelo crujiente de vida muerta. Los matorrales y la maleza crecían como intentando cubrir el pequeño camino. Breyne no sabía por qué habían decidido sus compañeros tomar ése camino, pero era obvio que presentían algo, como si pudieran atacarles de un momento a otro. Siempre mirando a todas partes, con las espadas a mano, dispuestos a defenderse y a salir airosos. Eso la ponía nerviosa. Ella no era una guerrera, y no tenía con qué defenderse. Y suponía que con un palo no sería suficiente. No veía a los guerreros como cobardes que temieran a cualquier enemigo. La dama de los ojos verdes también estaba alerta, podía sentirlo. Dentro de ella se formaba la imagen de unos tentáculos negros que intentaran alcanzar un objetivo invisible. No era una buena señal.
El aire olía a lluvia, a tierra mojada y a electricidad. También tenía un deje a podredumbre que agobiaba tanto a los humanos como a los caballos. El amanecer se había vestido con una fina niebla que calaba en sus cuerpos envueltos con las capas y las mantas. Por lo que sabía, el camino transcurría por un paso entre dos montañas, a la altura de la antigua Milán, que según había oído, estaba reducida a escombros. No podía creerlo, estaba a punto de salir de Italia, ¡y a caballo! Hubo un tiempo en el que no lo hubiera creído posible, pero allí estaba. Aunque la compañía no fuera la idónea. Tras ella caminaban, enfermos y cansados, los prisioneros de la compañía, arrastrados a trompicones por los otros. Breyne había observado sus escudos pintados, y había visto que los dos caballeros llevaban el mismo signo: un halcón con las garras extendidas, dispuesto a hundirlas en la presa. Ése ave quedaría grabada en su memoria toda su vida, como un símbolo de opresión, violencia y muerte.
Tenían prohibido hablar hasta que dejaran atrás el bosque, pero ella no entendía por qué. Era cierto que aquellos árboles tenían algo extraño, pero no alcanzaba a comprender la razón del comportamiento de los hombres. Sintió cómo Denwas se estremecía y se despertaba, y sin decir nada se enjuagó la boca con agua de la cantimplora. El ruido hizo que el guerrero rubio lo mirara de reojo.
- Casi no has dormido- le dijo Breyne. El chico aún tenía los ojos enrojecidos por el sueño.
- No puedo dormir. Hay algo que no me deja hacerlo- susurró-. Presiento algo…
- No digas tonterías, solo es un bosque. Árboles y hierbas, a lo mejor un par de ciervos. Eso es lo que hay aquí. Parece mentira que un chico tan mayor como tú tenga miedo de cuatro pinos.
- No son cuatro pinos- se quejó. Breyne le sonrió, reconciliadora-. A demás, voy a llevar a Abenuz un rato.
- Pero…
- Vamos, pásame las riendas. Mírate las manos.
Ciertamente la sangre manaba de las ampollas que producían las cuerdas. El roce que producía en su piel el movimiento del caballo le había quemado y herido las palmas, pero ella estaba tan concentrada en sus propias divagaciones que no se había dado cuenta.
- Tienes la piel más fina que yo- aseguró Denwas mientras las cogía-. Es normal.
- Bueno- suspiró-, no es bonito que una señorita lleve las manos hechas un cisco.
- Yo no veo ninguna señorita por aquí- sonrió, socarrón. Breyne levantó la cabeza con suficiencia y lo empujó-. ¿Qué? Es verdad.
- Cállate. Hasta Ferro es más hombre que tú. ¡Imberbe!
- Perdona, si no me sale es porque estoy estresado- se quejó él. Era obvio que estaba algo acomplejado por ser lampiño, y ella lo utilizaba como defensa.
Breyne se rió y le revolvió el pelo.
- No importa. Odio las barbas.
Llegó el atardecer y seguían en la senda del bosque. El hombre del caballo marrón soltó una maldición mientras miraba el mapa con enfado.
- ¡Nos hemos perdido! ¿Cómo ha podido pasar?
- Magia negra… magia negra- susurró asustado el rubio. Sus ojos se desorbitaron.
- ¡Estos caminos del diablo! ¡Maldita bruja, ha cambiado los caminos! ¡Ya deberíamos estar en el valle de Uhigar!
- No sirve de nada lamentarse- susurró la dama encapuchada-. Seguiremos cabalgando hacia el norte. Si no cambia la situación abandonaremos a los caballos y avanzaremos campo a través. No creo que haya cambiado el bosque entero, solo las sendas…
- ¡NO PIENSO DEJAR A MI CABALLO!- gritó Breyne. Denwas la golpeó atemorizado, pero ella no se amilanó. Mientras no mirase a los ojos verdes no tendría miedo. Clavó la vista en el caballero rubio, que parecía asustado- Mi caballo y mi perro son nuestras únicas posesiones, son recuerdos de mi padre y de mi madre. ¡No voy a abandonarlos en medio de un bosque!
- Está claro que no comprendes la gravedad de la situación. No se trata de un bosque normal, niña- musitó él.
- ¡No me importa! ¡No voy a dejarlo aquí!
- Cállate ya, ¡harás que nos descubran!- susurró el otro guerrero.
- ¡No voy a callarme! ¡Queréis quedaros con mi caballo y mi perro! ¡Sí, eso es! ¡Lo queréis todo para vosotros! ¡Queréis asustarnos con esos cuentos para que…
- Si no te callas tendremos que hacerte callar- gruñó el caballero rubio.
- …para que os lo demos todo! ¡Ladrones! ¡Y tenéis encadenada a esta pobre gente cuando los que debierais estar encadenados sois…
Un golpe seco la dejó sin respiración. Oyó cómo la voz de su amigo retumbaba en sus oídos mientras perdía el equilibrio. Su propio nombre flotaba en el bosque, sumándose en ecos a la atmósfera sofocante. El golpe no le dolió hasta unos segundos después. No podía moverse. Tirada en las hojas, con la tierra húmeda manchando su pelo y su ropa, comenzó a sentir cómo no eran sus manos las únicas que sangraban. A penas podía respirar. El labio le dolía mucho, y sentía en su boca el olor de la sangre. A sus oídos llegaron retazos de un forcejeo, y un gruñido. “Ferro”, pensó. Oyó encabritarse a un caballo, y la voz del hombre corpulento gritar mientras el acero chocaba contra la vaina. Un gemido agudo. El grito de Denwas. La tierra daba vueltas. Consiguió ver cómo su amigo le daba una fuerte patada al otro hombre, y cómo éste le propinaba un sonoro golpe con su guantelete. Pronto otra figura rodó junto a ella en la tierra y se arrastró hasta que pudo sentir su respiración contra su cara.
- ¡Breyne! ¡Cabeza hueca, escúchame! ¿Me oyes?
La voz le llegaba distorsionada. Quería decirle que estaba bien, que no se preocupara, pero no podía moverse. Le dolía todo el cuerpo. Vio una gigantesca sombra que se alzaba tras la espalda de su amigo. Un brillo metálico teñido de sangre. No tenía más fuerzas, pero no podía dejar que aquella cosa se acercara. Lo sabía. Denwas iba a morir. Por su culpa. Por no saber entender ése nuevo y brutal mundo en el que se hallaban. Iban a morir todos. La sombra se acercó más.
- No… - logró musitar.
Y surgió de nuevo. Aquello que había luchado por esconder, aquello que precisaba toda su fuerza de voluntad para no aflorar.
Un rayo de luz rasgó el aire con un rugido que heló sus propios huesos. Sintió cómo la dama encapuchada retrocedía, espantada. Y un fuerte golpe llegó a sus oídos. Lo había hecho. La sombra había caído. Estaban a salvo.
Cuando despertó, se encontró sobre la espalda de alguien familiar. Aspiró su cabello castaño, pero un pinchazo en los pulmones la detuvo con un dolor agudo. Gimió y volvió a desmayarse.
La segunda vez que despertó estaba tendida en el suelo. Denwas estaba junto a ella, cogiéndole de la mano. Había anochecido ya, y la zona estaba iluminada por una hoguera lejana. Dos figuras hablaban en susurros allá, pero ella no les prestó atención. Cuatro caballos, entre los que estaba un nerviosísimo Abenuz, estaban atados en el linde del camino.
- Den…
- ¡Oh, por fin!- su amigo sonrió de oreja a oreja, y ella supo que había estado llorando. Tenía un ojo amoratado y una brecha en la mandíbula. Se echó sobre ella y la abrazó con fuerza, aunque cuidando de no hacerle daño.
- Estoy… estoy bien…- con un esfuerzo sobrehumano logró poner la mano sobre su espalda.
- Dioses, ¡creí que no ibas a despertarte nunca! Gracias al cielo que no has… ¡gracias! ¿En qué estabas pensando? ¡Podían haberte…
- No voy a morirme por un puñetazo- intentó sonreír, pero notó que la sangre volvía a manar de sus labios.
- ¡No te muevas!- exclamó una voz femenina a su espalda. Ante sus ojos apareció el rostro de la mujer encadenada, que llevaba las manos manchadas de hierbas y barro. Olía fatal. Intentó resistirse pero sólo consiguió que un dolor lacerante en el costado le hiciera gemir. Dejó que le pusiera el ungüento en los labios y procuró no moverse- Solo se te ha partido. Volverá a su lugar pronto. Lo peor son esas costillas.
- ¿Las costillas?- preguntó Denwas asustado.
- Se ha partido dos en la caída. Aunque no creo que le haya afectado a ningún órgano vital- se giró hacia ella, que no comprendía del todo-. Has tenido suerte, chiquilla.
- ¿Qué se supone que intentabas?- le gritó Denwas, ahora enfadado- ¡Casi te matan! ¡Casi nos matan!
- Denwas…- una imagen cruzó su mente, y su rostro se transformó en una máscara de terror- Dime que no es cierto… dime que no ha pasado… dime que no ha…
Los tres quedaron en silencio, un silencio incómodo. Él desvió la mirada y no dijo nada. Breyne se levantó con esfuerzo, y se quedó mirando la hoguera. Faltaba una figura. Faltaba el caballero musculoso. “Ha ido al bosque. No se ha ido” se dijo, mientras sentía que su corazón empezaba a latir al doble de velocidad. “Sigue vivo. Sigue vivo. Está en algún sitio”. La dama de gris se giró, y sus ojos verdes llamearon con furia, golpeándola con la fuerza de mil puñales.
- No…
- Ha muerto, Breyne.
- ¡No ha muerto! ¡Está en el bosque!- gritó, intentando creer en su propia mentira.
Percibió que su amigo le cogía la cara con las manos, suavemente, y la obligaba a mirarlo directamente a los ojos. Todo daba vueltas. Se fijo en los dos puntos oscuros que brillaban a la luz del fuego. Sintió cómo una lágrima caía por su mejilla y le llegaba a los labios. Salada. Salada como el mar.
- Ha muerto, Breyne. Has matado a un hombre.
Reptó sobre su espalda hacia atrás unos centímetros. Solamente quería apartarse de él, apartarse de la sucia mujer, perder de vista la hoguera. Pero no pudo, el dolor le impidió respirar. Perdió el aliento. Todos estaban compinchados. Todos. Hasta Denwas. Querían hacerle creer que era una asesina, eso era. Ella no era una mala persona. Era una buena chica, su padre lo decía. Su padre no había muerto por su culpa, no. Todo eran coincidencias. Estúpidas coincidencias.
- Oye…- susurró Denwas, alargando una mano hacia ella.
- ¡No te muevas!- siseó, para después echarle en cara una sola palabra- ¡Traidor!
Él no le hizo caso y, ante el horror de Breyne, apoyó la cabeza en su hombro. Ella intentó zafarse, intentó escapar. Pero era inútil. Estaba acorralada. Por fin sus ojos se derramaron, por fin el peso empezó a aliviarse. Se dio cuenta de que estaba aferrada a la espalda sangrante de su amigo, y de que él la sujetaba impidiéndole caer. El mundo desapareció ante sus ojos, y solo quedaron ellos, envueltos de una profunda oscuridad. Frío. Las lágrimas se mezclaron con la sangre. Estaban juntos. Como siempre.

2 comentarios:
pondria alguna gilipollez como PRIMERO!!!!!
P
R
I
M
E
R
O
pero visto lo visto no se puede considerar un logro.
por otra parte......
esta bien :D me ha parecido mejor k tu anterior libro con portada en blanco i negro de dragones xD
sigue asi periodista
SADO
Hola beuxy ^^
Esta muy bien tu historia, y me encanta la musica.
Bueno, hasta la proxima entrada
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