viernes, 8 de agosto de 2008

2.3_ Hiei

El Enterrador se sentó sobre la arena de nuevo. La diosa lo miró desde arriba, y él alzó la cabeza. <Es tan hermosa… como un rayo de sol. Es la luz que ilumina este lugar, la única luz que me ilumina>.

Jarima siempre tenía un brillo extraño en sus ojos de rubí, un brillo de astucia. Su caminar era sensual y pausado, como si fuera a desvanecerse en el aire con cada movimiento de caderas. Hiei apartaba la vista para no sentirse tentado, aunque no sabía a qué lo tentaba. Había tantas cosas que desconocía… pero Jarima era su maestra, y cada noche conversaban sentados en la arena, para que, cuando el sol saliera, siguieran su camino hacia el norte.

- Algunos dioses han despertado y están débiles- le decía ella-. Por eso debemos irnos lo más lejos posible.

Hiei no entendía por qué si estaban débiles tenían que huir. Seguramente sería fácil hacerles frente. Pero no se atrevía a contradecirla, así que la seguía, mirando siempre las huellas que ella dejaba en las dunas. Se guiaban por el sol. Mejor dicho, Jarima se guiaba por el sol. Hiei no sabía hacerlo.

Desde que estaban juntos, Hiei no había vuelto a sentir la soledad como un mordisco helado en su piel. Aún así, le torturaba no saber nada de su compañera, solamente que era astuta y bella, y que sus caderas eran como un infierno para él. Había estado solo demasiado tiempo, necesitaba comprender cómo era, saber su destino. No podía conformarse con saber que era un dios y que tenía un ejército de humanos a su servicio en cada mundo. No le bastaba con saber que acababa de nacer. Su sed de respuestas era implacable. Cada día, mientras caminaba, en su mente iban surgiendo miles de preguntas… pero Jarina solamente contestaba a una o dos cada noche. Nunca parecía querer hablar demasiado.

- Bueno, Hiei… ¿Qué quieres aprender hoy?

- Quiero que me hables de ti.

La diosa lo miró largamente, y él pudo leer un atisbo de curiosidad en sus ojos rojizos. El sol ya caía, reflejándose de forma mágica en su pelo, su piel, su silueta. <Qué hermosa es…>

Jarima se sentó con los ojos cerrados, y suspiró. Siempre hacía eso cuando iba a comenzar a hablar largamente.

- Yo era una diosa del Otro Lado, pero me desterraron, me quemaron en la hoguera, a mí y a mis seguidoras. Porque solo me seguían mujeres, mujeres jóvenes y bellas- sonrió-. Vivía con ellas en mi templo de oro… a veces pienso que los dioses de tu tierra fueron más astutos que los de la nuestra. Si no te mezclas con ellos, con las criaturas despreciables que te siguen, no corres el riesgo de que se revelen contra ti- Jarima bajó la vista y jugueteó con la arena, dibujando signos en ella-. Es tan curioso… no conocen tu rostro, pero esculpen miles de retratos tuyos, solamente por la necesidad de creer en algo. Ninguna de esas criaturas ha oído tu voz, ni ha sentido tu poder, pero te siguen con fervor… es algo que jamás entenderé. Y, cuando mueren, vienen a servirte aquí.

- ¿Aquí?

- ¿Qué crees que son esos diminutos puntos de luz que nos ayudan? Nosotros no podemos verlo bien, únicamente vemos un resplandor sin importancia… Si pudiéramos fijarnos más de cerca, si nuestros ojos fueran más pequeños, podríamos distinguirlos. Esos puntos son las almas de las criaturas que te han seguido. De todas las razas y lugares del universo. Si entonan una oración, algo de ellos queda en ti, y cuando mueren…

- Pasan a seguirte para toda la eternidad, como sirvientes.

- Así es. Muchos de ellos creyeron en vida que irían a un paraíso a reunirse con su dios. Y no se equivocan. ¿Cómo crees que los Antiguos sobrevivieron si todos habían olvidado sus nombres?- Hiei la miró intrigado-. Se comen a sus propios sirvientes, Hiei. Y con ello firman su propia destrucción. Sus almas están para servir, no para alimentarse de ellas. ¿Cuántos minutos de vida te dan? Son efímeras, nunca se deja de tener hambre…

Jarima miró al infinito, consciente de que él seguía ávido de saber. Sonrió y sacudió la cabeza.

- ¿Sabes qué es lo único que puede mantenernos con vida, Hiei?- preguntó en un susurro, con la vista perdida en el horizonte.

- ¿A parte de la fe de nuestros súbditos vivos?- preguntó, desorientado.

- A parte de eso- El Enterrador no contestó, pero clavó sus ojos de medianoche en los suyos- , ¿lo sabes?

- No, maestra.

- La sangre de los nuestros. Los de nuestra propia especie. La sangre de otros como nosotros.

- La… la sangre de otros dioses…

- Y, al igual que nosotros luchamos, luchan también en sus mundos nuestros seguidores. Mueren, sangran, sufren. Nosotros los controlamos, Hiei. Nosotros causamos su propia destrucción. Esas pequeñas criaturas se enzarzan en las guerras por sus dioses, movidos por los hilos de los grandes. Se llenan de sed de sangre contra los vasallos de su contrario. Y como nosotros cometemos asesinatos y crueldades contra nuestro adversario, así lo hacen ellos.

- Eso…- Hiei la miraba con los ojos desorbitados- eso es terrible.

- Al final, pequeño, todos nosotros somos caníbales. Todos sentimos la llamada de la sangre. Es duro, pero es algo que debemos aprender antes o después.

Hiei percibió que Jarima a penas había hablado de sí misma. Y con eso, le asaltó un sentimiento de alarma… ¿Y si…?

- Aún así puedes confiar en mí- atajó ella, como si le hubiera leído el pensamiento-. Yo voy a ayudarte- se acercó a él y apretó su cuerpo contra el suyo. Hiei sintió cómo el corazón le latía fuerte, y sus sentidos se abrumaban. La diosa se apretó contra su pecho y cogió suavemente su cara con las manos, para obligarlo a mirarla a sus ojos traviesos-. Siempre, Hiei…


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Hola!

Hoy me aburría un poco y he estado trasteando en internet... He encontrado una página bastante chula donde puedes crear personajillos y eso... Se me ha ocurrido hacer a los personajes [por ahora] principales de esta historia... Pues son esos monigotes que están en el menú de la izquierda. Aunque por ahora esas armas que llevan no se conocen, ya tienen historia. Me estuve pensando si esperarme ponerlos ya, pero... ¿Qué más da?

A parte de eso, voy a poner algo de musiquita en la página. Será una especie de i-pod con algunas canciones que le peguen a la historia. Desde luego, no van a ser moviditas ni tendrán letra ni nada por el estilo. Mejor que sea algo instrumental que no maree mucho mientras lees, ¿no?


En fin, si alguien tiene alguna sugerencia o algo que decir... por favor que comente donde quiera. Estaré encantada de leer las opiniones y contestar las dudas. Un gran beso a todos, pero en especial para Anita, que me da ánimos para seguir con la historia, y también para su hermana.


gracias por todo :)

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